martes, 29 de octubre de 2013

Ha llegado mi caja

Esta entrada va dedicada a los abuelos (y también a mamá) porque se han portado al enviarme una caja con un montón de cosas. La creíamos desaparecida, interceptada en algún país de Europa, ya hasta podía imaginarme a algún alemán o francés comiéndose mi jamón, cuando por fin esta mañana, sin papel ni nada, he ido a la oficina de correos y les he dado el número de paquete y mi DNI. Y allí estaba, una caja de siete kilos más o menos que he cargado con todo el gusto del mundo hasta Hostivar.

Las mujeres guapas al segundo día no lo son tanto


Estudia un poquito


Y debo decir que no sé qué se le estaba pasando por la cabeza a mi madre para mandarme tal cantidad ingente de embutido (lomo, jamón y chorizo). Creo que ya no tengo que volver a ir al Interspar en lo que me queda de Erasmus. 





Eso sí, ya me he comido un paquete de jamón serrano con Hanna, de Suecia, y le ha gustado mucho.

Hanna comiendo jamón
En el paquete también había sábanas con ositos, dos bufandas, un antifaz (para que nadie me reconozca en las fiestas orgísticas, especificado en una nota por mi abuelo), un pañuelo de danza del vientre (que no entiendo para qué) y un par de gorros de lana.

Imágenes integradas 1



Bienvenidas sean las cajas. Y aquí os presento a mi abuelo Pepe, motero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario