sábado, 26 de octubre de 2013

Free Thrusdays

No hay comentarios sobre el miércoles. Vamos a correr un "estúpido" velo al respecto...

Ya es jueves 24. Ha pasado algo más de un mes y tantas cosas que la sensación de tiempo es bastante confusa. Parece que conozco a Anissa, con quién comparto habitación, como si hubiéramos ido al colegio juntas o algo así. Nos entendemos con solo mirarnos. 

Hoy me he levantado a las nueve, antes que Anissa, que tenía clase, para ir con Ana y Hanna (muchas "as" y "enes" por todas partes) a hacernos la manicura. Praga está repletita de sitios en los que hacen la manicura. Y nosotras, valientes de nuevo, queríamos probar. 

Por fin nos decidimos a entrar un sitio, llevado por asiáticos. Vemos la lista de precios y les preguntamos si pueden hacernosla a las tres a la vez. Por supuesto que pueden. Es de esas veces que te da la sensación de que podrán con cualquier cosa que les pida. Una sensación extraña. Las tres nos sentamos y tendemos la mano derecha rollo pídeme matrimonio, depositando toda nuestra confianza y fe en aquellos asiáticos. Dos hombres y una mujer (con mascarilla) se ponen a limarnos las uñas. Casi les gritamos que no queremos uñas de gel ni nada de eso. French manicure, french manicure. Es lo único que repetimos. Incluso nos atrevemos a hacernos un diseño en una de las uñas....




Ana tiene mala suerte y su chico es el más lento de los tres. No podemos parar de reír al verle como copia al mío todo el rato. "Está más perdido que yo", me dice Ana, y se ríe por no llorar. La cosa avanza y mi chico empieza con la francesa, todo un pro del tema, con mucho pulso líneas blancas impolutas. Empiezo a mirar todos esos diseños para uñas, irremediablemente cursis. Ana mientras casi se pelea con su chico, que no habla nada de inglés, porque no tienen el color que quiere y todos los demás son un poco de vieja. Y tiene razón. Entonces Hanna comienza a decirle a su chica que no quiere nada de plástico en sus uñas, que eso no, no, no. Pero su inglés impoluto no sirve de nada para luchar contra la fuerza asiática. La chica está haciendo exactamente lo que le está dando la gana, ni más ni menos. Al menos el mío parece que fluye y me deja incluso elegir el diseño de florecita que quiero.

Sinceramente esperaba la cosa mucho peor. Si olvidamos por un momento que aquel lugar olía a productos químicos y que deberían pasar la mopa, así como sugerencia, el resultado es bastante decente. ¿Y lo que nos hemos reído?




Después de la manicura despedimos a Ana y nos marchamos a comer a un restaurante hindú que tiene menú del día por 4 euros (más bebida). Hanna lo conoce gracias a su amiga Lisa (también sueca), a quién encontramos allí. Casi me muero del placer al comer Murgh Tikka Masala (pollo con arroz basmati). Todo, con postre incluido (un poco asqueroso, la verdad, rollo arroz con leche hindú), por 109 coronas checas (4 euros). Cada día de la semana tienen un plato diferente en el menú así que... habrá que volver. El restaurante se llama Indian Jewel, está cerca de Palladium (metro Namesti Republiky) y tiene wifi. :)



Después de todo esto he vuelto a Hostivar a poner una lavadora, escribir un texto de 300 palabras sobre cuatro textos sobre Globalización que no entiendo para nada, escribir en el blog, leer dos textos para Contemporary American Cinema, cenar y solo Dios sabrá lo que tiene  previsto para la comunidad de Hostivar esta noche.

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