Octubre acaba y aquí os dejo el recorrido gastronómico del mes.
miércoles, 30 de octubre de 2013
martes, 29 de octubre de 2013
Ha llegado mi caja
Esta entrada va dedicada a los abuelos (y también a mamá) porque se han portado al enviarme una caja con un montón de cosas. La creíamos desaparecida, interceptada en algún país de Europa, ya hasta podía imaginarme a algún alemán o francés comiéndose mi jamón, cuando por fin esta mañana, sin papel ni nada, he ido a la oficina de correos y les he dado el número de paquete y mi DNI. Y allí estaba, una caja de siete kilos más o menos que he cargado con todo el gusto del mundo hasta Hostivar.
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| Las mujeres guapas al segundo día no lo son tanto |
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| Estudia un poquito |
Y debo decir que no sé qué se le estaba pasando por la cabeza a mi madre para mandarme tal cantidad ingente de embutido (lomo, jamón y chorizo). Creo que ya no tengo que volver a ir al Interspar en lo que me queda de Erasmus.
Eso sí, ya me he comido un paquete de jamón serrano con Hanna, de Suecia, y le ha gustado mucho.
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| Hanna comiendo jamón |
En el paquete también había sábanas con ositos, dos bufandas, un antifaz (para que nadie me reconozca en las fiestas orgísticas, especificado en una nota por mi abuelo), un pañuelo de danza del vientre (que no entiendo para qué) y un par de gorros de lana.
Bienvenidas sean las cajas. Y aquí os presento a mi abuelo Pepe, motero.
lunes, 28 de octubre de 2013
Viernes de Ikea
El viernes tocaba excursión al Ikea. Las chicas se van al Ikea. En general podría decir que Ikea es adorable, que hay uno bien cerquita de mi casa y que está bien para ir a pasar el rato. También debería añadir lo mucho que hecho de menos al cohete (mi cochecito).
Para ir al Ikea en Praga hay que prepararse como si de una excursión de horas se tratara. Por lo menos desde Hostivar, porque está en la otra punta. La cosa se pone seria al saber que tenemos que coger tranvía, metro, hacer transbordo y llegar hasta el final de la línea amarilla (incluso más allá de Jinonice). Y una vez allí hay que coger un autobús especial que te lleva hasta el Ikea.
Lo primero que hicimos una vez allí es comer. Me pedí las típicas 15 albóndigas suecas con mermelada de arándanos y puré de patata.
Muy rollo comida de colegio, con la bandejita y todo. También muy barato y con la incertidumbre de saber qué clase de carne han usado para las albóndigas.
Pero necesitábamos coger energía para poder hacer todo el recorrido. Yo solamente compré una vela de esas rojas que huelen que te mueres y chuches suecas y chocolate, de todos los tipos que tenían. Anissa se compró una lámpara y un espejito, una velita y también comida sueca.
Después, agotadas, fuimos al Tesco a por provisiones. Aquí os dejo con Hanna y los vasos de plástico.
domingo, 27 de octubre de 2013
Tesoros
Una breve entrada para hoy con dos descubrimientos astronómicos:
Spanish Red Wine en brick para todos, cortesía de Tesco.
Y Kofola, la Coca-Cola checa. Muy popular en los 60 y 70 en la comunista Checoslovaquia. Era la sustituta de Coca-Cola o Pepsi, las bebidas occidentales, que valían mucho más. Después de probarla puedo afirmar que ni se acerca a ser parecida a la Coca-Cola y es una de las bebidas más repugnantes que jamás he probado. Una vez y no más.
sábado, 26 de octubre de 2013
Free Thrusdays
No hay comentarios sobre el miércoles. Vamos a correr un "estúpido" velo al respecto...
Ya es jueves 24. Ha pasado algo más de un mes y tantas cosas que la sensación de tiempo es bastante confusa. Parece que conozco a Anissa, con quién comparto habitación, como si hubiéramos ido al colegio juntas o algo así. Nos entendemos con solo mirarnos.
Hoy me he levantado a las nueve, antes que Anissa, que tenía clase, para ir con Ana y Hanna (muchas "as" y "enes" por todas partes) a hacernos la manicura. Praga está repletita de sitios en los que hacen la manicura. Y nosotras, valientes de nuevo, queríamos probar.
Por fin nos decidimos a entrar un sitio, llevado por asiáticos. Vemos la lista de precios y les preguntamos si pueden hacernosla a las tres a la vez. Por supuesto que pueden. Es de esas veces que te da la sensación de que podrán con cualquier cosa que les pida. Una sensación extraña. Las tres nos sentamos y tendemos la mano derecha rollo pídeme matrimonio, depositando toda nuestra confianza y fe en aquellos asiáticos. Dos hombres y una mujer (con mascarilla) se ponen a limarnos las uñas. Casi les gritamos que no queremos uñas de gel ni nada de eso. French manicure, french manicure. Es lo único que repetimos. Incluso nos atrevemos a hacernos un diseño en una de las uñas....
Ana tiene mala suerte y su chico es el más lento de los tres. No podemos parar de reír al verle como copia al mío todo el rato. "Está más perdido que yo", me dice Ana, y se ríe por no llorar. La cosa avanza y mi chico empieza con la francesa, todo un pro del tema, con mucho pulso líneas blancas impolutas. Empiezo a mirar todos esos diseños para uñas, irremediablemente cursis. Ana mientras casi se pelea con su chico, que no habla nada de inglés, porque no tienen el color que quiere y todos los demás son un poco de vieja. Y tiene razón. Entonces Hanna comienza a decirle a su chica que no quiere nada de plástico en sus uñas, que eso no, no, no. Pero su inglés impoluto no sirve de nada para luchar contra la fuerza asiática. La chica está haciendo exactamente lo que le está dando la gana, ni más ni menos. Al menos el mío parece que fluye y me deja incluso elegir el diseño de florecita que quiero.
Sinceramente esperaba la cosa mucho peor. Si olvidamos por un momento que aquel lugar olía a productos químicos y que deberían pasar la mopa, así como sugerencia, el resultado es bastante decente. ¿Y lo que nos hemos reído?
Después de la manicura despedimos a Ana y nos marchamos a comer a un restaurante hindú que tiene menú del día por 4 euros (más bebida). Hanna lo conoce gracias a su amiga Lisa (también sueca), a quién encontramos allí. Casi me muero del placer al comer Murgh Tikka Masala (pollo con arroz basmati). Todo, con postre incluido (un poco asqueroso, la verdad, rollo arroz con leche hindú), por 109 coronas checas (4 euros). Cada día de la semana tienen un plato diferente en el menú así que... habrá que volver. El restaurante se llama Indian Jewel, está cerca de Palladium (metro Namesti Republiky) y tiene wifi. :)
Después de todo esto he vuelto a Hostivar a poner una lavadora, escribir un texto de 300 palabras sobre cuatro textos sobre Globalización que no entiendo para nada, escribir en el blog, leer dos textos para Contemporary American Cinema, cenar y solo Dios sabrá lo que tiene previsto para la comunidad de Hostivar esta noche.
jueves, 24 de octubre de 2013
Martes locos
Sobre el martes 22 de octubre...
Hay un gran problema: los martes es la fiesta Nation to Nation. Todos y cada uno de los martes. Problema porque el miércoles hay clase y la fiesta de los martes está bastante bien. Íbamos a salir todos y finalmente convencimos a Anissa de que viniera con nosotros. Sigo sin saber porque Ana se quedó en casa leyendo textos o algo así.
Cogimos el tranvía 22 hasta Bruselska para ir a recoger a Juanra en su casa. Este martes tocaba en el Retro Music Hall que está muy cerca de su casa. A Anissa, Hanna y a mi nos encantó el DJ y debo remarcar que Juanra lloró de alegría cuando puso Danza Koduro y Limbo. Pachangueo, pachangueo a tope. Después la cosa se volvió algo más dura. Solo puedo decir que aún tengo agujetas de botar toda la noche con los brazos en alto.
Antes de salir de fiesta cometimos el atrevimiento/imprudencia/valentía de probar un licor típico checo. Hanna había comprado un litro, ¡un litro! Y unos vasitos de chupito muy monos. Llevábamos varias semanas resistiéndonos a abrir la botella. Sin haber bebido nada antes nos metimos para el cuerpo un buen shot de Becherovka.
Varios comentarios al respecto:
- Nunca en vuestra vida compréis un litro. Solo podréis usarlo para desatascar el váter o algo así.
- Nunca en vuestra vida os toméis un chupito de eso sin estar un poco contentos.
- Es veneno, por si no estaba claro.
- Y lo peor de todo es el sabor. Sabe a una mezcla entre Navidad y Listerine.
- La experiencia es horrible pero una experiencia al fin y al cabo.
- Casi vomito y vomitaré solo con olerlo de nuevo.
P.D. Las fotos son del antes, no queréis ver las caras del después.
domingo, 20 de octubre de 2013
¿Dónde comemos?
No quiero que esto se convierta en un diario gastronómico peeero tengo que hablar de los dos restaurantes en los que hemos cenado y comido este fin de semana. Uno porque es un descubrimiento gastronómico en Praga (y no demasiado barato) y otro porque es divertido.
El sabado por la noche había una megafiesta en Roxy, uno de los clubs más popu de Praga, pero cuando volví a la residencia de tener una reunión de grupo para un proyecto de clase (a eso de las cuatro) me dijeron que estaban buscando un restaurante francés para cenar. La mayoría de la gente con la que salgo son franceses así que estaban animadillos con la idea. Decidí comer, a pesar de que eran las cuatro y pico y me hice unos huevos fritos just in case. Nunca se sabe dónde vas a acabar un sábado por la noche. Después me eché una buena siestecita hasta las siete o así.
Ya habían elegido el restaurante: Brasserie La Gare y a las siete y media salimos para allá. Las siete y media ya es tarde para ellos... y sigue siendo temprano para mi. El restaurante está en Namesti Republiky, muy cerca de Palladium, el gran centro comercial del centro de Praga.
Primero probé queso de cabra francés de entrante y luego elegí unos gnocchis con setas. También nos pusieron un pan estupendo.
Al día siguiente teníamos una quedada, esta vez solo de chicas, para ir a comer sushi a un restaurante de Running Sushi All You Can Eat es decir, sushi que pasa a tu alrededor para que tu no pares de comer. Por unos doce euros comer todo el sushi que puedas no está nada mal. Fuimos a un sitio de Palladium, en la última planta llamado Makakiko.
Hay que reconocer que no es el mejor sushi del mundo pero es muy divertido poder ir con amigas y echarte unas risas probando absolutamente todo lo que pasa por la cinta.
sábado, 19 de octubre de 2013
Lavadoras
Lo de estar de Erasmus es parecido a saber que las cosas se te pueden ir de las manos y poco pasa, que no podrás acostarte antes de las dos ningún día si vives en una residencia porque siempre hay alguien por ahí. Lo de estar de Erasmus es salir los miércoles y tirar los jueves solamente poniendo lavadoras. Y de eso va este cuento.
Hacer cualquier cosa en Hostivar te lleva horas. El otro día nos mandaron un email con la cantidad de dinero que teníamos que pagar en noviembre. Es bastante gracioso porque no conozco a nadie que pague lo mismo que yo. No sé que fórmula usan para calcular los precios pero tampoco es que vaya a ponerme a investigar. El caso es que aquel jueves (es decir, el jueves pasado) bajé resacosa a recepción para hacer DOS cosas: poner una lavadora y pagar el alquiler.
Por supuesto, en office hours. El caso es que les costó bastante entender que quería hacer las dos cosas. Una mujer me atendió para pagar y otra diferente me dio las llaves de la habitación de la lavadora. "Solo tengo en el edificio 2". ¿El edificio 2? Ese me viene perfecto.
Las lavadoras en el edificio dos están en el sótano. Hay dos en la misma habitación y resulta que uno de los alemanes de mi pasillo tenía la otra lavadora para recoger. Así que nos encontramos en aquel recóndito cuarto, mientras yo intentaba elegir el programa más adecuado para mi ropa.
La última vez había puesto la lavadora en el edificio 4 planta 1. Si la pones en el edificio 1 es en el cuarto piso. Y el caso es que aún no he conseguido poner la lavadora en mi propio edificio, en el que creo que está en el tercer piso.
Pero las cosas no acaban en poner la lavadora. Después pedí prestado el tendedero a unas vecinas muy majas (tenemos que comprarnos un tendedero...) y esperé una hora para ir a por mi ropa. Hay que pagar 20 coronas (algo menos de un euro) por una hora de lavadora, así que nada más terminó recogí la ropa y fui directa a recepción para que el tiempo no corriera. Subí con mi ropa y la tendí en el pasillo (y la ropa interior la tendí por toda la habitación) Creo que después recé un rato para que ninguna camiseta me desapareciera de jueves a viernes.... y me eché a dormir la siesta.
viernes, 18 de octubre de 2013
Café Louvre
Fue un día, ya no recuerdo cuál, en el que Anissa y yo nos levantamos a la una y decidimos desayunar. Mis botas habían muerto derretidas en el tranvía hacía poco y necesitaba de forma urgente un repuesto que salvara mis Vans de la lluvia. Así que sobre las cuatro abandonamos Hostivar para ir (de nuevo en el tranvía 22) hasta el centro, para comprarme unas botas nuevas.
Estábamos hambrientas cuando nos bajamos en el centro y lo vimos, a lo lejos y entre zapaterías, el Café Louvre. Anissa me dijo que había merendado allí y tenían muchas cosas, así que decidimos coger fuerzas antes de ir de compras.
No estábamos para tonterías así que Anissa se pidió SALTY FRENCH QUICHE (spinach with goat cheese, onion with potatoes) y yo me pedí LARGE HAMBURGER with Cheddar cheese, French fries, salad Coleslaw. Es decir, quiche francesa, dos porciones: una de espinacas con queso de cabra y otra de cebolla con patatas. Y una hamburguesa (carneee) con queso y patatas fritas y ensalada de col. Todo, con la bebida, por menos de ocho euros cada una. Como podéis imaginar casi nos desmayamos comienzo a las cinco such a real meal of real food ;).
Pero eso no es todo, tenemos que volver porque tienen los mejores postres de Praga. Unas tartas como montañas de diversos sabores que hay que probar. Así que ya os contaré.
Podéis leer la historia del Café Louvre en su página web (http://www.cafelouvre.cz/en/History/). ¡Lleva abierto desde 1902! Y el servicio y el ambiente son muy agradables.
martes, 15 de octubre de 2013
Národní divadlo
Ayer lunes fuimos a la ópera para ver Carmen. Una ópera cómica en francés que cuenta la historia de Carmen, una gitana cigarrera de la fábrica de Tabacos de Sevilla. La entrada solo nos costó 175 CZK, es decir, unos siete euros. Lo que no está nada mal para una primera experiencia con el género.
Anissa y yo nos vestimos como correspondía (e indicaba en la entrada) y nos montamos en el tranvía 22 (sin poner los pies sobre la calefacción) que justo para en frente de la ópera. Llegamos temprano y nos indicaron en checo dónde estaban los asientos.
Los siete euros comenzaron a cobrar sentido según subíamos escaleras y escaleras y más escaleras y escaleras para llegar a la primera galería. Teníamos la cuarta fila allí y para ver el escenario por completo era necesario apoyarse en la barandilla. Las piernas apenas nos entraban (aunque los de el patio de butacas tampoco parecían tener mucho más sitio) y no podíamos apoyar la cabeza.
En principio nos da igual, porque estamos en la ópera de Praga, ¿qué más puede pedir una? Los demás franceses llegaron un poco después que nosotras y yo pude semidesconectar para hablar solo conmigo misma mientras ellos se desquitaron en francés. Es el incoveniente/ventaja de salir solo con franceses.
Las luces por fin se apagan y el telón se levanta para mostrar la escena. Una fábrica gris. La pantalla de los subtítulos baja y aparecen la traducción de las canciones en inglés y checo. Por un momento creo que mi cerebro se va a colapsar con tanta mezcla de idiomas pero entonces la canción famosa de la opera comienza y no puedo evitar sonreír. La piel se me pone de gallina y miró a Anissa de reojo para ver que ella también sonríe como yo. Llevábamos toda la semana tarareando la canción por Hostivar. Por fin me concentro, busco la posición, las piernas apenas me entran, me acomodo contra uno de los reposabrazos y mi cerebro asimila los subtítulos en inglés, mi corazón la música y me relajo. Me relajo por tres horas con un descanso de media en las que el nada más importa.
Salimos de la ópera a las diez y fuimos a cenar un kebab que me supo a gloria. Después, comenzó nuestra vuelta al hogar (Mordor) y la consecuente aventura en tranvía, inevitable.
Según andábamos hacia la parada siguiente a la de la ópera veo cómo el tranvía 22 se aproxima en dirección contraria. Le advierto a Anissa que si viene el de nuestra dirección tenemos que correr porque no podemos perderlo. Ella se ríe, como si estuviera loca, y entonces vemos cómo nuestro tranvía para frente a la ópera. Nos miramos un momento antes de echar a correr y llegamos a la siguiente parada junto con el tranvía. Lo habíamos logrado.
Nos sentamos y nos ponemos a hablar. Estamos contentas de no tener que hacer transbordo para llegar a Hostivar. Unos vagabundos con un perro suelto entran en el tranvía y el conductor se baja para pedirles que aten al perro. Seguimos unas cuantas paradas más hasta que el tranvía se detiene y escuchamos lo único que no queremos escuchar: "This is the last stop, please exit de tram". El conductor se baja y le dice algo en checo a un chico y después se va. El chico se vuelve hacia nosotras y nos cuenta algo en inglés que no entendemos. Los vagabundos se ponen a rebuscar en una basura. Y, en conclusión, todos juntos a esperar al siguiente tranvía. Por fin llegamos a Hostivar media hora más tarde y muertas de frío.
Entonces solo me queda hacer los deberes de Media and Society ya que solo Dios sabe qué pasará el martes que me impida hacerlos.
domingo, 13 de octubre de 2013
El fantástico episodio de los tranvías peligrosos
El viernes 11 de octubre, fuimos al Starbucks de IPPavlova para apuntarnos a un viaje a Budapest. El autobús estaba casi lleno pero aún quedaban 10 plazas y nosotros éramos justo 10. Fuera aún llovía, pero la vida parecía maravillosa con un café entre las manos y la suerte que habíamos tenido con las plazas.
Anissa y yo apostamos con Antonis que llegaríamos antes en el tranvía 22 (solo tranvía) a Hostivar. Él iba a tomar el metro y después el tranvía 26 para ir. Tras despedirnos nos sumergimos bajo la lluvia a esperar nuestro tranvía. Aquella era la parada en la que una vieja me había intentado robar a las 3 de la mañana cuando volvíamos de la Welcome Party. Pero daba igual. Incluso si llegábamos después que él (de lo que estaba casi segura), nos daba igual. Queríamos ir solo en tranvía para poder sentarnos y ya está. Nada de tener que estar cambiando, andando, subiendo y bajando escaleras. Solo teníamos que depositar el culo en uno de los asientos y contemplar como la ciudad de Praga se volvía gris según avanzábamos hacia Hostivar. Los edificios se volvían tristes y parecidos según nos aproximábamos al hogar, a Praha 10.
Como habíamos previsto, después de varias paradas en el centro, el tranvía se quedó vacío y pudimos sentarnos junto a la ventana. Sin pensarlo, puse uno de los pies encima de la calefacción del tranvía, que recorre todo el lateral. Me sentía genial. La ventana estaba abierta y el aire entraba en el vehículo pero podía sentir un ligero (muy ligero) calor en las piernas. Anissa me pasa uno de sus cascos y continuamos el recorrido escuchando "this is fucking awesome". Lo era.
Lo era hasta que me di cuenta de que la suela de la bota que tenía puesta encima de la calefacción estaba derretida. Y no en el buen sentido de "I tried to be chill but you are so hot that I melted". Sino en el sentido de que me había cargado la suela de una de las botas que usaba TODOS los días. Desastre, desastre, desastre. Le enseño la bota a Anissa y tras un segundo de asombro comienza a reírse casi hasta la muerte. Yo me río también. Qué remedio, era eso o llorar.
Por fin llegamos a Hostivar. Por supuesto, Antonis ha llegado antes que nosotras, pero ya me da igual. Solo puedo pensar en la descompensación de mis zapatos. La suela derretida. Lo mucho que odio a los tranvías y el poco calor que daba la calefacción. Cuando lo recuerdo aún no sé cómo pudo fundirse tan fácilmente la suela de la bota.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Clases
Sin darme cuenta es 9 de agosto. Ya han empezado las clases y dentro de poco empezará a nevar... ¡No! Espero que no. Todo el mundo se asusta de los rumores sobre el tiempo. ¡La semana que viene hará menos siete grados! No lo creeré hasta que lo vea.
La verdad es que el drama (palabra que pertenece a Juanra) de las clases comienza a estabilizarse. Y solo tenemos clase de lunes a miércoles. Lo único malo es que algunos días tenemos que ir a Jinonice (que está en el countryside, sin exagerar) y otros días a Hollar.
Hoy hemos hecho una bonita presentación de España en Intercultural Communication Management para echar por la borda o reírnos o reforzar los tópicos de siesta fiesta que todos tienen en la mente. Al menos nos hemos reído un rato. Por dios, sinceramente creo que somos la sensación.
"Hello I´m Juan, I´m Ana and I´m Amanda and we are going to present our country: Spain".
Por lo menos en esa me entero de algo. También tenemos Global Ethnographies (que todavía no sé de que va) y European Comparative Politics and Society (que me provoca un terrible sopor los martes). Por otro lado asistimos a Contemporary American Cinema odd (lo que significa una semana sí, una no; y supone un auténtico regalo. Ya hemos visto El Graduado y Easy Rider. Para la semana que viene tocan Flashdance y Top Gun.... tal cuál). Por último, los miércoles también vamos a Media and Society y no está mal. Todas las clases son como la ONU. Aún estoy aprendiendo a entender inglés en todos los acentos posibles.
Ahora mismo Anissa está buscando en Internet algún sitio para ver una película en inglés, en el cine. Eso sí que es un dramón. A propósito, deberíais ir todos a ver Gravity. La vimos en Munich el otro día en una tarde lluviosa. Pero eso es otra historia que ya os contaré otro día.
Hoy hemos hecho una bonita presentación de España en Intercultural Communication Management para echar por la borda o reírnos o reforzar los tópicos de siesta fiesta que todos tienen en la mente. Al menos nos hemos reído un rato. Por dios, sinceramente creo que somos la sensación.
"Hello I´m Juan, I´m Ana and I´m Amanda and we are going to present our country: Spain".
Por lo menos en esa me entero de algo. También tenemos Global Ethnographies (que todavía no sé de que va) y European Comparative Politics and Society (que me provoca un terrible sopor los martes). Por otro lado asistimos a Contemporary American Cinema odd (lo que significa una semana sí, una no; y supone un auténtico regalo. Ya hemos visto El Graduado y Easy Rider. Para la semana que viene tocan Flashdance y Top Gun.... tal cuál). Por último, los miércoles también vamos a Media and Society y no está mal. Todas las clases son como la ONU. Aún estoy aprendiendo a entender inglés en todos los acentos posibles.
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| Patio del Hollar Building |
martes, 8 de octubre de 2013
Bread soup y demás
Estábamos peor. La cosa no mejora demasiado si no haces lo propio por descansar. Y hablo en plural porque todo mi pasillo está infectado con un maldito virus checo que se agarra a la garganta. Estábamos peor, así que decidimos que era el mejor día para probar la sopa.
El cuerpo nos pedía real food y habíamos visto el día anterior un restaurante con bread soups a tres euros más o menos. Así que nos preparamos para coger el tranvía y el metro y fuimos a por la sopa. Aquí debajo dejo las imágenes de tan extraordinario suceso.
A propósito y por si alguien se lo pregunta el pan de la sopa está tan duro que es imposible de comer.
El cuerpo nos pedía real food y habíamos visto el día anterior un restaurante con bread soups a tres euros más o menos. Así que nos preparamos para coger el tranvía y el metro y fuimos a por la sopa. Aquí debajo dejo las imágenes de tan extraordinario suceso.
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| Potato soup in bread |
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| Goulash con dumplings |
A propósito y por si alguien se lo pregunta el pan de la sopa está tan duro que es imposible de comer.
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