lunes, 11 de noviembre de 2013

Viaje a Budapest

Apenas nos enteramos del viaje de ida. Acostándonos más allá de las dos de la mañana, nos levantamos a las cuatro y media para coger el tren de y diez y llegar a la estación principal (Hvlani Nadrazi), de donde salían los autobuses. Después nos dormimos casi todo el camino, aún no sé cómo, tardaré en recuperar la normalidad de mi cuello al menos otra semana.

Está curioso el tema de levantarse con coronas checas, pagar la comida en euros, en Eslovaquia, y la cena en florines húngaros (297 florines 1 euro, una maravilla).

Llegamos sobre la una a Budapest y nos alojamos en un hostal llamado GoodMo que la verdad me dio muy buen rollito desde el principio. Ya podía ser mínimamente parecido Hostivar. La única locura fue compartir baño (y ducha) con otras nueve personas. Pero a pesar de tener una habitación de 10 creo que estuvimos bastante a gusto porque conseguimos estar todo el grupo juntos.








La misma noche del viernes nos tenían prometida una cena típica húngara que creo que fue lo más decepcionante del viaje con diferencia. Nos sirvieron una especie de estofado de colegio, con patatas y salchichas, en un cuenco de plástico  y se quedaron más anchos que largos. De hecho, no hubo suficiente comida para todos y tuvieron que pedir 20 pizzas para saciar los estómagos Erasmus. Después decidimos no salir porque teníamos que madrugar al día siguiente.

Decepción de cena húngara

Desayuno con el que casi lloro
El sábado casi lloro en el desayuno cuando me enfrenté a un donuts con chocolate por fuera y por dentro. Después nos marchamos a una caminata de tres horas (o eso era lo prometido, porque al final fueron como 4 horas o incluso más, ya ni lo sé). Nuestra guía era una modelo con largas piernas pero fea, que se olvidaba de las cosas importantes que nos tenía que contar y encima lo admitía. Subimos una montaña para ver una especie de estatua de libertad de la que no os puedo contar más porque estaba más preocupada de no morirme en mi sudor que de la explicación. Después bajamos la montaña y subimos al castillo, muy bonito, muy blanco y muy impoluto. En este punto, entre puentes y demás, las chicas decidieron que morirían si continuaban y se fueron. Yo me quedé con Juan, Antonis y Guillaume y terminamos como pudimos el tour. Nos quedaba la bajada, otro puente y una gran iglesia. En la desesperación acabamos en el Café Bali y compartí con Juan un queso rebozado con mermelada de frambuesa o algo así y el típico pollo paprika con noodles. Aún muertos fuimos al hostal para dormir la siesta y nos levantamos a una hora prudente para ir a cenar. Esa noche tocaba el paseo en barco por el Danubio con barra libre. Solo voy a comentar que tuvieron que parar el barco para cargar más alcohol porque no estaban avisados de que éramos Erasmus. Esa noche tampoco salimos, llovía y tuvimos que pagar una multa en el tranvía por viajar sin billetes. Yo pasaba un poco de todo pero Juan dijo que mejor no se arriesgaba a tratar con la policía en Budapest. Así que nos fuimos al hostal para comer galletas y dormir.








El domingo por la mañana hicimos el check out y dejamos las maletas en el hostal para irnos a las termas en Budapest, que son muy típicas. Desde luego es toda una experiencia. Tienen todo un ala del edificio dedicado a piscinas a diferentes temperaturas y distintas saunas (a cada cuál más peculiar) y luego hay varias piscinas exteriores con chorritos y derivados, también muy curioso el tema de estar bañándose al aire libre en pleno Noviembre en Budapest. Pero la cosa es, a la vez, bastante heavy. Las condiciones de salubridad no las consentirían ni en España y la peña hace vida normal en las termas, es decir, come bocadillos entre piscina y piscina, está en albornoz pero con la cola al aire o se rasca la roña en la sauna. Muy rollo soy húngaro y estoy en mis termas, qué coño miras.



Después volvimos a comer en el Café Bali. Y diréis que por qué comemos en el mismo sitio los dos días que estuvimos en Budapest... pues por la desesperación. El primer día la desesperación de caminar durante 4 horas sin comer y el segundo día la desesperación de cargar con la maleta desde las termas (en el quinto pino desde el hostal). No sé si realmente el Café Bali está tan bien, pero a mi me pareció maravilloso de principio a fin. 

Cuando acabamos de comer volvimos porque a las seis (supuestamente) salía el bus de vuelta. Salimos, por supuesto, con cierto retraso y el caminito fue más duro porque volver siempre cuesta más que ir y esas cosas. Ni siquiera pudimos coger el último tren de vuelta a Hostivar, así que nos aventuramos con un taxi. Aquí en Praga coger un taxi es jugársela pero de buen rollo. Por un momento pensé que iban a raptarnos, pero no, aquí estoy, sentada en mi querido escritorio de mi querida habitación en Hostivar.

Buenrollismo en GoodMo

Anissa y yo y nuestra afición a las limonadas húngaras

Este es el desayuno del segundo día


jueves, 7 de noviembre de 2013

Bloody Sexy... Halloween


He tenido que mirar las fotos para recordar lo que habíamos hecho estos días. A parte de torturarme con diversos trabajos para la Universidad fuimos a cenar a un vegetariano muy interesante llamado Maitrea (para saber más de él os pasáis por GastroJournall que hay un artículo, ya de paso....).

Y lo siguiente era Halloween. 

Praga da miedo de por sí, no necesita un Bloddy Sexy Halloween para asustarnos. Si sales por la noche y echas un buen ojo a tu alrededor hay cosas más oscuras y tenebrosas que un montón de jóvenes disfrazados de muerte. Bueno, las chicas de muerte putón (en su mayoría). Si no sabéis ya la teoría de Halloween y Carnaval (al menos la mía) es que las chicas son capaces de adaptar cualquier clase de disfraz a su versión más slutty. Y aquí no iba a ser diferente. En general los chicos muy feos y las chicas muy putas. Que si demonio puta, gatita puta o zombie puta. 



De todas formas creo que el sitio estuvo bastante bien. Tuvimos que esperar una larga cola para entrar, incluso teniendo entrada, pero dentro tampoco estaba tan masificado, se podía incluso respirar. Con el super fiestón que se suponía en Sasazu esperábamos morirnos de calor (o de aplastamiento), pero solo tuvimos que soportar algún que otro porro (y un puro).



Me disfracé con Hanna de la Naranja Mecánica pero antes de salir me quité las pestañas postizas porque mi ojo no dejaba de llorar y mi lentilla peligraba. Así que mucha gente pensó que iba de Chaplin. Creo que podré soportarlo. Anissa se disfrazó de la niña de The Grudge, esa peli japonesa (o de por ahí) con la niña de los pelos en la cara, y daba miedito.